
Otro aspecto que aparece asociado a esta desorganización es la aparición de un cambio en la forma de relacionarse con los demás, que puede dar pie a conductas antisociales en las cuales el sujeto no se reconoce:
– “El haberme cagado a tanta gente […] las relaciones que mantenía con toda la gente, o sea, no eran relaciones, o sea, yo miraba si podía tener algún provecho, y según eso lo tomaba o lo descartaba, cero sentimiento, cero conexión con la gente, era provecho o no provecho, me servía o no me servía”.
También hay sentimientos de culpabilidad importantes, asociados al daño que se habría producido a otros significativos, que forman parte del malestar del sujeto:
– “Y súmale la carga si es que tenís un hijo… eso a mí me pesaba harto, verdad […] para mí el tema de P. [hijo], hablado así en las sesiones, era un tema que me dolía mucho… me sentía como muy culpable, muy mala persona, mal padre”.
– “Ya no me importaba la gente […] ya está bien lo que hago yo cachai, pero cuando empiezo a tocarte a ti y a no respetarte a ti, eso me empezó a asustar un poco, ya estaba haciendo cosas que pasaba el límite de lo antisocial, como cagarte, si te podía cagar te cagaba, cachai, como estar conversando contigo, pretender que me importai, pero a la primera que te podía cagar te cagaba”.