
El plantear el paso final en el desarrollo de una adicción como un paso a nivel de lo biológico, ¿implica que el tratamiento debería estar también en este plano? En rigor, sí, si existiera una forma de actuar sobre el organismo que permitiera modificar los procesos y estructuras que supuestamente han cambiado en el fenómeno de la adicción. Esto tendría que involucrar, además, la capacidad de detener el proceso que va desde el segundo al tercer momento, ya que de otra forma, el mero cambio biológico volvería al sujeto al momento dos y sería muy probable que con el tiempo volviera al tres, tal como lo hizo la primera vez. En la actualidad no existe ninguna de estas capacidades desde el punto de vista de la biología. El entendimiento desde la perspectiva biológica es muy parcial aún, y no es posible saber si algún día la situación será suficientemente distinta como para intervenir desde este plano. De todos modos, una intervención de este tipo, incluso suponiendo la posibilidad de prevenir el tercer tiempo, sólo permitiría volver atrás la «compulsión» al consumo. El recurrir a las sustancias seguiría siendo parte de una respuesta en el plano ético del sujeto, plano inalcanzable para una intervención desde lo material.
La experiencia clínica muestra que la forma de disminuir significativamente esta compulsión al consumo de la sustancia, efecto indeseado de la «solución vía soma», es la detención el ingreso de las sustancias al organismo, por un tiempo medianamente prolongado. Así arribamos a la muy controvertida noción de «abstinencia», término que muchas veces evoca el temor o la sospecha a estar entrando en el terreno de un tratamiento vía la represión al servicio del mantenimiento de las estructuras de poder social. A esta noción habría que intentar sustraerla de estas evocaciones, ya que se puede dar en contextos subjetivos y objetivos muy diversos. Esta detención del consumo es necesario entenderla, salvo casos extremos, como formando parte de una decisión del sujeto que tiene como fin generar las condiciones necesarias para producir una vuelta atrás de la compulsión propia del tercer tiempo. Sin embargo, este dejar de recurrir a las sustancias, junto con producir este cambio a nivel del organismo, implica también a nivel del sujeto, el impedimento de seguir dando la respuesta vía soma, quedando como alternativas, si seguimos el planteamiento de Tarrab, las soluciones del fantasma y del síntoma. Sin duda que esto llevará a un cambio de orden mayor en la relación del sujeto con las faltas que lo marcan. Al detenerse el recurso al intento de ruptura con el plano de la significación, el sujeto tendrá la posibilidad de quedar en entredicho nuevamente. De mantenerse en un mediano plazo, esto abre las puertas para una eventual reorganización a nivel de las respuestas del sujeto. No hay duda, y clínicamente es posible encontrarlo, que el sujeto, a partir de esta posibilidad, podrá aventurarse en una solución distinta o podrá confirmar y repetir su respuesta vía soma una vez más.