La Adicción a Sustancias Químicas: ¿Puede ser Efectivo un Abordaje Psicoanalítico?

Esta situación es muy interesante clínicamente, ya que si no se produjera el efecto «compulsión» habría muy pocas razones para que un sujeto se cuestionara esta solución vía soma. Estaríamos, definitivamente ahora, en el mundo feliz de Huxley. El elemento que en la práctica clínica se convierte en un factor central al momento de comenzar algún tipo de tratamiento con un sujeto que ha desarrollado una adicción, es justamente el que su respuesta se le ha «escapado de las manos». Esto es lo que muchas veces ha llevado a reaccionar al medio (familiar, laboral) e intentar que el sujeto «se trate». La visión de este efecto indeseado, con consecuencias la mayoría de las veces altamente costosas en los distintos ámbitos, es lo que puede llegar a funcionar como un pivote que permita un cuestionamiento de la elección de solución por la que se ha optado. Esta visión, al menos a cierto nivel, coincide con lo que se ha llamado desde una perspectiva médica «conciencia de enfermedad», concepto por lo demás discutible. Este aspecto del problema es, a su vez, el elemento central en juego en diversos abordajes psicoterapéuticos no psicoanalíticos especialmente adaptados para el tratamiento de este tipo de pacientes, por ejemplo en la llamada «entrevista motivacional» (Miller & Rollnick, 1999), o en el enfoque cognitivo del tratamiento de las adicciones (Beck et al., 1999), así como en innumerables publicaciones que tienen el tema de la «motivación a tratamiento» de este tipo de pacientes como foco desde diversas perspectivas teóricas (Carpenter, Miele & Hasin, 2002; Di Clemente, Bellino & Neavins, 1999; Downey, Rosengren & Donovan, 2001; Lincourt, Kuettel & Bombardier, 2002; Lizarraga & Ayarra, 2001).

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