
Una creencia muy común es pensar que el tratamiento de adicciones implica que la persona se tenga que internar. Esto no es así. Antiguamente se pensaba esto, pero actualmente ya no. La internación tiene un problema importante, cual es su alto costo económico. Independiente de si este costo lo asume la persona o lo asume el estado, es una acción que requiere grandes recursos en espacio y personal.
Pero la internación tiene un segundo problema aún mayor, aunque menos visible. Este segundo problema se refiere a que la internación se convierte en una ilusoria solución mágica al problema de las adicciones. Es decir, las personas, especialmente los familiares, piensan que internando al adicto este se va a mejorar y va a salir de la internación recuperado. Se piensa la internación como normalmente se piensa en alguien que será operado y saldrá sano de esa operación. Esta es una idea equivocada de lo que es un tratamiento de adicciones.
Un tratamiento de adicciones implica que la persona tome una decisión de hacer un cambio en su vida. Ese cambio comienza con la decisión de entrar en abstinencia. Y la decisión de entrar en abstinencia normalmente depende de la influencia de los familiares. Esta decisión es un proceso que se va profundizando en la medida que pasa el tiempo. Finalmente se fortalece lo suficiente como para que la persona pueda mantenerse en abstinencia en el largo plazo. Pero este proceso requiere tiempo. En nuestra experiencia requiere entre 15 y 18 meses de tiempo.
Un tratamiento de adicciones debe entonces lograr que este proceso de produzca de manera eficaz. Y esto sólo se puede realizar de manera ambulatoria, ya que nadie pensaría en internarse durante un año y medio. Además, la persona, debe aprender a mantener su decisión en su ambiente natural de vida. Por lo tanto, la internación no es necesaria en la gran mayoría de los casos de adicciones.